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KÖPSKAM: LA MODA DE NO COMPRAR MODA

La emergencia climática es uno de los problemas globales que definen el contexto actual y cada vez son más los que optan por hábitos menos perjudiciales para el medioambiente. Determinados por no contribuir individualmente al problema: reciclamos, utilizamos el transporte público, evitamos el consumo de plásticos de un solo uso, compramos productos locales o llevamos a cabo un consumo eficiente de los recursos domésticos. Pero eso no es todo, la preocupación de los consumidores por la ropa que compran también está creciendo considerablemente.

La industria de la moda genera el 20% de las aguas residuales a nivel global, es responsable del 10% de las emisiones de CO2 que se lanzan a la atmósfera y se prevé que para el 2050, supondrá ¼ de la huella de carbono. Son datos de Fashion at the crossroads, un informe publicado por Greenpeace en 2017, que además de sorprender a los consumidores, los ha concienciado acerca de su relación con la moda.

Es obvio que el problema es sistémico, pero a raíz de esta situación surgen tendencias como el reto #30wears, organizar un armario cápsula o también, adquirir prendas fabricadas con materiales reciclados, con el objetivo de no contribuir a una industria tan dañina. Una de las últimas en incorporarse al movimiento slow fashion es de origen sueco y responde al nombre de Köpskam, término que se utiliza para referirse a sentir vergüenza al comprar ropa y nace con el objetivo de concienciar al comprador sobre el sobreconsumo.

Las marcas de fast fashion lanzan más de 50 microcolecciones al año y en Suecia, se está utilizando el köpskam para frenar el desenfrenado ciclo de consumo que caracteriza a la industria de la moda rápida. Los precursores de esta tendencia quieren dar un toque de atención a estas empresas por su irresponsabilidad a nivel medioambiental y social, y además, están perjudicando a influencers locales que enseñan sus últimas adquisiciones a través de las redes sociales generando una imagen negativa alrededor de este tipo de contenido.

Por otro lado, el tiempo que transcurre entre que compramos una prenda y nos deshacemos de ella es cada vez más reducido. Por eso, otro de los objetivos de este movimiento es frenar el consumo de moda rápida para así reducir el impacto medioambiental. En su lugar, lo ideal sería adquirir ropa de segunda mano o hacernos solo con las piezas que sean realmente necesarias, evitando renovar nuestro armario constantemente y de manera inconsciente.

De momento, el Köpskam como tal sólo ha calado en su país de origen. Sin embargo, es probable que llegue a influir en otras regiones en un futuro como sucedió con el movimiento estadounidense llamado no buy year, que se extendió hasta Reino Unido y también es una llamada de atención al consumismo, que en este caso consiste en dejar de comprar durante un año.

 

Escrito por Alba Manuela Aracil

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